La costumbre de existir
Llega un momento en que muchas personas ya no viven.
Solo continúan.
Repiten horarios, palabras, gestos, pensamientos…
como si la costumbre pudiera sustituir al sentido.
Y quizá el mayor peligro no sea sufrir,
sino acostumbrarse tanto a uno mismo
que dejar de sentir parezca estabilidad.
A veces despertar no consiste en cambiar de vida.
Consiste en dejar de atravesarla dormido.