El hombre ante la grieta luminosa
No toda grieta es una herida.
Algunas son aperturas
por donde la realidad respira.
El hombre se detiene ante la fisura
no por miedo,
sino porque intuye
que cruzarla exige dejar algo atrás.
No hay retorno intacto
cuando la luz aparece donde antes había piedra.
La grieta no promete salvación,
solo verdad.
Una claridad que no consuela
ni explica,
pero desarma las certezas
como el amanecer desarma la noche.
Quien permanece ante ella
ya ha cambiado.
Porque mirar de frente
aquello que ilumina y separa
es aceptar que el mundo
no se divide entre sombras y luz,
sino entre quienes se atreven a cruzar
y quienes deciden seguir siendo roca.