El lugar donde calla la prisa
La prisa no nace del tiempo,
nace del miedo a no llegar.
Corremos creyendo que avanzamos,
acumulamos pasos como si el movimiento
fuera una forma de sentido.
Pero hay un punto —silencioso, discreto—
donde la velocidad se vuelve inútil
y el impulso pierde dirección.
Es allí donde la prisa calla.
No porque el mundo se detenga,
sino porque algo en nosotros
deja de huir.
Quien alcanza ese lugar
no se mueve más despacio:
simplemente ya no necesita
llegar antes que sí mismo.