La memoria del futuro
Creemos que el pasado nos determina, pero también nos gobierna el futuro que imaginamos.
Sufrimos por pérdidas que aún no existen. Renunciamos por fracasos que nunca ocurrieron. Tememos acontecimientos que quizá jamás sucedan.
Así, lo imaginario termina condicionando lo real.
Y descubrimos una paradoja inquietante:
A veces no somos prisioneros de lo que vivimos, sino de lo que creemos que viviremos.
