La vida que aplazamos
Hay una forma silenciosa de perder la vida: esperar.
Esperar a estar preparados.
A tener tiempo.
A que desaparezca el miedo.
A que llegue el momento perfecto.
Pero la vida no sucede después.
Sucede mientras decidimos cuándo empezar.
Y quizá al final descubramos que aquello que llamábamos prudencia era, demasiadas veces, miedo disfrazado de mañana.